Me gusta leer y ver la tele

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Sunday, April 09, 2017

Máquinas expendedoras y contenedores de basura

Hace cerca de tres meses los del club de Infinity de Barcelona decidimos hacer un pedido a una web australiana de escenografía en dm, que es madera cortada con láser. La verdad es que tiene cosas espectaculares: coches, edificios, ruinas... De entre todas sus opciones, yo pedí un conjunto de decoración para calles compuesto de máquinas expendedoras y contenedores de basura, una furgoneta y un set de alcantarillas. La verdad es que desde el principio la cosa fue mal. Para empezar, los cabrones de mi banco nos cobraron 30€ sólo por el cambio de divisa: una auténtica salvajada. Después, el pedido tardaba en llegar, hasta que un buen día llegó un sobre a casa... Un sobre no puede ser, me dije, si el paquete pesaba unos seis kilos... Los cracks de los australianos habían cerrado el paquete sólo con una cinta de embalar, y en vez de ponerla rodeando todo el paquete, sólo estaba cogiendo un pequeño trozo, con lo que obviamente la mercancía se salió y sólo llegaron a mi casa un kilo y medio de los seis. Hay que tener los huevos bien grandes para entregar el paquete así, pensé, pero luego me fijé que yo había pedido esto por DHL y los muy hijos de su madre, al ver cómo había llegado, lo mandaron por correos. Así que tocó reclamar, y la verdad es que la gente australiana resultó ser muy maja. Les envié fotos de cómo había quedado el paquete, y me lo reenviaron en seguida, así que un mes después me llega una carta de los desgraciados de aduanas diciendo que nos paran el paquete y que tenemos que pagarles porque les sale de los huevos, ya que ya pagué los impuestos australianos, los impuestos españoles, más un recargo porque ellos me habían parado el paquete... Pues joder, no me lo pares. Total, que otro medio mes para solucionar esto y 150 euros de más para que llegue el paquete.

Después de esta aventura me tocó clasificar y repartir a cada uno del club lo suyo, y por fin hace unos días me puse a pintar mi escenografía, que va a quedar genial en mi estación de tren. Lo primero que hice fue el contenedor, al que le di un toque desgastado, y la máquina expendedora de balas. El cartel no lo he pintado, pues me di cuenta de que el tamaño del dibujo que había en la caja en que venía era exacto al de las máquinas de verdad, así que recorté y pegué.

Estoy muy contento con el resultado y espero que os guste.

Saturday, November 21, 2015

El quid de la cuestión

Como ya dije hace un par de semanas, he estado tres años sin postear nada aquí en la soleada Jhanna. Nada. En tres años. Que se dice pronto.

Hay varias razones para ello. La primera y de más peso es que, básicamente, soy menos fiable que un barquito de papel en el Amazonas. Eso es así. Triste, pero es así. Y como tal lo he aceptado.

La segunda razón es que, como bien dicen, el hecho de tener hijos te cambia la vida. Para peor. Al menos en lo que respecta a la calidad de ésta. Vale que según van creciendo las criaturas cada vez va resultando todo más fácil. Vale que el mundo parece nuevo cuando lo ves a través de unos ojos recién estrenados. Vale que compensa. Vaya si compensa. Pero los primeros meses resultan brutales, tanto que mi mujer y yo hemos llegado a vivir en un estado de cansancio permanente que, parece, va aliviándose poco a poco. Si sigue esta progresión y acaba por evaporarse del todo creo que hasta lo voy a echar de menos. O casi no.

Una tercera razón es que, precisamente por lo descrito en el párrafo anterior, durante el último año y pico no he tenido oportunidad de disfrutar de mucho de lo que poder hablar aquí. Mi ritmo de lectura se ha llegado a ver reducido a prácticamente cero, y cada vez que he tenido el tiempo libre suficiente para elegir entre ver, por ejemplo, una película o directamente dormir, he acabado haciendo lo segundo. Aunque mi intención consciente hubiera sido hacer lo primero.

Pero, indolencia y progenie aparte, hay otra razón por la que no me he sentido capaz de escribir una sola crítica de libros, cómics, series o películas durante todo este tiempo. Y es precisamente de esa cuestión de la que quería hablar hoy.

Tuesday, October 15, 2013

El día de la marmota... otra vez

Como ya os dije hace un par de semanas, dos de las señoras a cargo de la feria de Prater's Mill en la que mi querida esposa y yo participamos el pasado fin de semana me pidieron que dibujara "una marmota" y luego me pidieron que hiciera varios cambios. A cambio de hacer el dibujo gratis, las buenas señoras lo iban a utilizar para anunciar el evento en el periódico, lo que nos daría a Crystal y a mí publicidad gratuita, con lo que parecía un buen negocio. Parecía.

Tras hacer los cambios y mandarles el nuevo dibujo (que podéis ver aquí al lado) por correo electrónico, la respuesta no sólo se hizo esperar, sino que nunca llegó, y eso que mantuvimos un par de conversaciones telefónicas con las susodichas en distintas ocasiones. De todas formas, y por si acaso, mi querida esposa y yo estuvimos mirando el periódico los días previos al evento por si salía el anuncio, pero no vimos nada de nada. Ignorando qué había pasado, fuimos a la feria el sábado y el domingo, y fue ese último día cuando una de las mujeres se acercó a nuestro puesto.

- ¿Dónde están las marmotas? -saludó-. No las veo por ninguna parte.
- Se han escapado -contesté.
- ¿Cómo?
- No hemos hecho camisetas con ese diseño -explicó mi esposa-. Como teníamos tantos diferentes y no podíamos hacer camisetas con todos, hemos tenido que elegir los que pensábamos iban a ser más populares.
- Ah, ya veo -dijo la mujer, que claramente no veía.
- Hablando de marmotas -intervine-, ¿al final usó usted el dibujo?
- ¿Yo? ¡Pero si os estábamos esperando a vosotros!
- ¿Cómo? -respondió Crystal-. Nosotros les mandamos el dibujo por correo electrónico.
- Sí, y lo recibimos. Os dijimos que nos gustaba, pero que queríamos cambios.
- Sí, ya. E hicimos los cambios, y mandamos la nueva versión.
- Ah, sí, sí -contestó la buena mujer-. Sí: con el cartel y todo.
- Exacto.
- Pero no nos mandasteis las camisetas con el diseño.
Aquí fue cuando mi esposa y yo intercambiamos una mirada que mezclaba tanto asombro como ultraje.
- ¿Qué camisetas con el diseño? -dijo Crystal-. Usted nunca nos dijo nada de eso.
- Sí, os lo dije en el correo. Teníais que hacer camisetas con la marmota y mandárnoslas para venderlas.
- Pues ese correo debió perderse, porque a nosotros jamás nos llegó.
- Vaya. Qué lástima. Seguro que se hubieran vendido como churros.

Una vez nos hubimos despedido y la señora hubo desaparecido, Crystal y yo no pudimos sino explotar en indignación y pasmo ante la jeta de la amiga. ¿Quería que hiciéramos camisetas específicas de y para la feria? Dejando aparte que jamás nos lo había dicho, ¿quién iba a pagar por las camisetas? Porque, por el tono que había usado, parecía que las camisetas las habríamos tenido que hacer nosotros sin cobrarle ni un duro a nadie, y luego las habríamos tenido que vender nosotros en nuestra tienda. Y si las camisas no se hubieran vendido, no habríamos podido venderlas en otro sitio porque tenían el nombre de la feria incluido en el dibujo. Y pese a las "garantías" que nos ofreció la buena señora, no sé yo cuántas camisetas habríamos vendido. De hecho, en los dos días que estuvimos en la feria, nadie nos preguntó ni una sola vez si teníamos camisetas con marmotas. Por piratas, gusanos, y no sé qué más si que preguntaron, ¿pero marmotas? Ni una vez ni media. Y eso de que se habrían vendido como churros está por ver, ya que pese a que la señora nos aseguró que el lema de la feria y de la organización es "aquí siempre es el día de la marmota", y que por tanto incluir eso en el diseño sería una buena idea y ayudaría a publicitar el evento y vender camisetas, en ningún momento vimos dicho lema en ninguna parte: ni carteles, ni anuncios, ni en ningún sitio. De hecho, tal lema no aparece por ningún lado en ninguna de las secciones de su página web. Entonces, ¿para qué narices querían una marmota con el "lema" de Prater's Mill si realmente ni la marmota ni el presunto lema tienen la más mínima importancia ni la gente sabe de qué va la cosa? ¿Y encima querían que hiciéramos camisetas, sin pagárnoslas, para ver si se vendían? Ya me puedo imaginar el intercambio:

- ¡Bienvenidos a Sweet Camisas! ¿Quieren comprar una camiseta oficial de la feria?
- ¿Por qué no? ¿Dónde están?
- Ahí delante de usted.
- ¿Dónde?
- Pero si la tiene delante de sus narices, señor mío.
- Aquí yo sólo veo una marmota, no el molino.
(Nota: mill en inglés es molino, y la feria recibe su nombre del famoso molino ubicado en la propiedad.)
- Pues a ésa me refiero, buen hombre. La de la marmota.
- ¿Y qué tiene que ver una marmota con Prater's Mill?
- Ah, ¿es que no lo sabe? La marmota es el animal oficial del molino y de la feria.
- ¿En serio?
- Claro, hombre. Pregúntele a quien quiera.
- Vamos a ver. ¡Susan! Ven para acá, mi amor.
- ¿Qué quieres, Jack?
- ¿Tú sabes cuál es la mascota oficial de Prater's Mill, corazón?
- Claro: el molino; aunque no sé yo si llamarlo "mascota" sería correcto, por aquello de que es un edificio.
- No, tonta, no. Aquí el joven me dice que es la marmota.
- ¿La marmota?
- Sí: está en la camiseta y todo.
- ¿Y por qué tiene una cita de la película esa de Bill Murray?
- Pues no lo sé, cariño. Pero seguro que el joven sí lo sabe. ¿Por qué?
- Porque es el lema de la feria, señor.
- ¿El lema de la feria? ¡Llevo treinta años viniendo a esta feria cada octubre, y jamás he escuchado semejante tontería. ¿El lema de la feria? ¡No me hagas reír!

Y lo mismo habría pasado con todos y cada uno de los que se hubieran acercado. En fin: que no sólo hemos aprendido nuestra lección, sino que lo más probable es que el año que viene no vayamos a la feria. La hermanas Gilda ya se pueden ir buscando otro pringado que les haga (y rehaga) dibujos a su antojo para que luego decidan no usarlo con alguna peregrina excusa de por medio. Hasta ahí podíamos llegar.

Friday, October 04, 2013

El día de la marmota

Al igual que hicimos el año pasado, mi querida esposa y yo planeamos participar en la feria de arte de Prater's Mill, que se celebra el próximo fin de semana. Esta vez, en vez de ir como Demure Dragonfly para exponer fantásticas fotografías, vamos a ir como Sweet Camisas y llevar nuestras ídem para niños.

Tras contactar con la organización y mandarles muestras de las camisas y los diseños por correo electrónico, nos pidieron que nos pasáramos por su oficina para enseñarles las camisetas en persona. Básicamente, las dos señoras a cargo del festival no se creían que los diseños fueran nuestros (lo que supongo debería tomarme como un cumplido), y querían verlos en vivo y en directo para confirmar que, en efecto, no las estábamos timando. (No me preguntéis por qué piensan que podríamos mentirles por Internet pero no en persona, porque yo tampoco le encuentro el sentido.) Afortunadamente, se fiaron de nosotros y no sólo nos dejaron participar y alabaron los diseños, sino que me pidieron que les hiciera un dibujo para publicitar el evento en el periódico. Dicho evento tiene lugar al aire libre entre hierba y árboles, y según nos contaron las dos buenas señoras, la propiedad está llena de marmotas. Por tanto, nos dijeron, sería estupendo si les pudiera dibujar una marmota para el anuncio. Ni qué decir tiene, acepté el desafío con entusiasmo y un par de días después me puse manos a la obra. El resultado final lo podéis ver aquí, pero como sé que a Nash le gusta ver los bocetos, capturé esta imagen antes de ponerme a terminar la ilustración.

No sé si os gustará más el boceto o el dibujo terminado, pero el caso es que, cuando les mandamos el dibujo a las señoras anteriormente mencionadas, les encantó. Sin embargo (y aquí es donde empecé a calentarme y empezó a salirme el temperamento de artistazo moderno superguay), y pese a que dijeron que les gustaba muy mucho, tenían, las buenas mujeres, una serie de cambios que querían que hiciera. Una lista de seis, para ser precisos. Y lo mejor es que al menos la mitad de dichas modificaciones eran cosas que podrían haberme dicho cuando me pidieron que dibujara "una marmota" y así yo me hubiera evitado tener que enfadarme, desenfadarme, y hacer un segundo dibujo. Por ejemplo, si usted quiere que su marmota esté sujetando un cartel con el nombre de la feria, ¿no cree que sería una buena idea decirle al artista que dibuje una marmota sujetando dicho cartel en vez de decirle que dibuje "una marmota" para luego pedirle que añada el cartel? Y no sé si os habéis apercibido, pero dada la postura de manos y brazos, esta marmota no va a sujetar ningún cartel sin tener que pasar por un proceso de redibujado concienzudo. Pero no sólo había que añadir un cartel, sino que además había que hacer otros cambios con los que no os voy a aburrir.

Pensé que lo mejor sería dejar pasar varios días para que las ansias homicidas se me disiparan, y unos cuatro días después de recibir el correo electrónico con la lista de cambios, y viendo que no les había mandado la nueva versión todavía (de hecho, ni había hecho acuse de recibo de la lista de marras para evitar mentarles sus muertos más frescos), la buenas señoras nos llamaron por teléfono para asegurarse de que no estábamos enfadados (que sí lo estábamos) y que su actitud no nos había resultado insultante (que también). Mi querida esposa le dijo que no se preocupase, que no es que el artistazo moderno superguay estuviera echando espumarajos por la boca, sino que no había tenido tiempo de sentarse a dibujar roedores, pero ese mismo fin de semana se pondría a trabajar. Y como para entonces ya se me habían pasado las ganas de estrangular a las susodichas, me senté delante de mi querido Cintiq, y redibujé la marmota por completo. Pero para saber cómo quedó esta segunda versión, y para descubrir qué pensaron las individuas tendréis que esperar un poco más. Mientras tanto, espero que no os hierva la sangre tanto como a mí, que no vale la pena.

Tuesday, July 17, 2012

Bronceados y retrasados

Aquí tenéis un dibujillo que se me ocurrió a partir de una conversación con mi querida esposa. Llegando un día a Outback, un restaurante que frecuentamos, vimos entrar a una pareja que Crystal rápida y certeramente etiquetó como la típica pareja sureña: el tío cachas interesado en armas y en hacer ejercicio, y la nenita naranja debido al bronceado artificial que tanto les gusta a las retrasadas, que piensan están tan guapas con ese color de piel que no se encuentra en la naturaleza. Nos pusimos entonces a enumerar otros crímenes que este tipo de gente suele cometer (viles pantalones de camuflaje; chanclas infames que llevan a todas partes como si estuvieran en la playa, los muy subnormales; gorras idiotas y perennes, normalmente de John Deere o equipos de fútbol; etc.), y decidí que tenía que dibujar a la feliz pareja en lo que podría ser la portada del comic que narra sus aventuras. Dichas aventuras, ni qué decir tiene, transcurrirían en su mayor parte en el gimnasio o en un centro de esos de bronceado a los que habría que pegarle fuego a ver si la gente dejaba de ir (me he levantado tolerante esta mañana), y el coeficiente intelectual de los personajes estaría probablemente a la altura del de las amebas. ¿Verdad que suena interesante?

Friday, September 23, 2011

Dissent

Here you have a picture I drew for the school's newspaper. As usual, they let me do whatever I wanted, and while I was trying to come up with something, my wife had an idea. We usually talk (and complain) about people wanting you to think the way they do, to accept their "values" (read prejudices) and conform, to fit in. In one word: to be one of them because being different and thinking for yourself is not good. She told me I should draw a version of that scenario in which some people who dare to differ are surrounded by an angry mob of people unwilling to accept not only their ideas, but the fact that they could actually have their own beliefs.
The interesting thing about this picture is that I drew it in ink directly. I spent about five minutes sketching the most basic of sketches (how many people I was going to have in the picture and little else), and then I moved in with my black pen immediately. This means that some details and faces would have looked a bit better had I drawn them in pencil beforehand, but the fear and trepidation of working directly with ink was a fun challenge.
In the end, while I don't think this picture is amazing, I think it turned out rather nicely, and I am curious to see how people react to it. Seeing as the last thing I drew for the paper was penguins and lions, I'm sure this will, if nothing else, catch them by surprise. I'll keep you updated!

Friday, July 09, 2010

Al final, género

Aquí tenéis la última metedura de pata lingüística con que me he encontrado durante mis tres semanas en Valencia. Dejando aparte que a Tomás le falta un acento en la a, me parece sorprendente que quienquiera que creara este cartel no supiera que "rehabilitación," al igual que todas las palabras terminadas en -ción, es un sustantivo femenino y que, por tanto, el adjetivo postpuesto debería ser "histórico-artística," no "artístico." ¿Acaso está llegando la sociedad a tal nivel de menguada burrería que ya ni se sabe qué palabras son masculinas y cuáles femeninas? Así van las cosas...

Wednesday, July 07, 2010

La i perdida

Curioso cartel este, cerca de la Plaza del Ayunta-
miento de Valencia. Como suele ser habitual en la Capital del Turia, los carteles están en dos idiomas: español en la parte superior, y valenciano en la inferior. Si observáis el cartel blanco, podéis ver esto perfectamente ilustrado. Sin embargo, en el cartel verde que, al parecer, no tiene más función que la de repetir lo que indica el blanco, se puede apreciar una interesante errata, pues a la palabra "Ayuntamiento" le falta la i, con lo que se está señalando hacia un extraño edificio desconocido llamado "Ayuntamento". Que me podéis llamar puntilloso y todo lo que queráis, pero es que, ¿cómo es posible que nadie se haya dado cuenta ? Como siempre, la estupidez humana no conoce límites.

Monday, July 05, 2010

And You Speak English?

I was in Valencia, Spain, for three weeks, and in my time there I managed to collect several typos and mistakes I thought would make for entertaining entries for the blog. They are all in Spanish, except for this one, which is in English. As you can see, it is a McDonald's ad, and while there's nothing wrong with the Spanish version, the English text stopped me in my tracks. "Near of you"? What does that mean? Obviously, they mean "Near you," but it seems whoever was entrusted with translating the Spanish ad to English either has no clue, or used an online translator (which would mean he has indeed no clue). At any rate, this sad attempt at appealing to the English-speaking community (or simply tourists) in Valencia elicited some laughs and managed to be noticed, so I guess that, in a sense, the ad did was it was supposed to do: grab my attention to the point of making me forget about everything else around me. And still, I won't be going to McDonald's any time soon.

Monday, April 26, 2010

Stupid, Stupid Humans

It's hard not to hate people when you are surrounded by morons. Point in case. Last Saturday, my girlfriend and I went to the movies to see Kick-Ass, the film based on the comic book by Mark Millar and John Romita, Jr. When we got to the box office, my girlfriend pointed out the name showing on the screen wasn't Kick-Ass, but Kick A**. The guy selling the tickets overheard us, shook his head, and said "Yeah. Somebody complained because he was offended by the word and we had to change it." Welcome to the United States, where people will seek to ban what they don't agree with, disapprove of, or simply dislike. The same people, I guarantee, that will sing that "land of the free" line in the national anthem and will feel so good about themselves. Ah, hypocrisy --thy name is America.

Sunday, February 07, 2010

Hell Is Other Robots

This documentary put an end to my movie marathon, and it was a peculiar ending indeed. Hell House records the lengths a certain church goes to in order to scare people into believing. To this end, the luminaries of this church put together a haunted house for Halloween that, instead of having ghosts and skeletons and the occasional chainsaw-tottering maniac, shows real "horrors" such as abortions, homosexuality, and rave parties. After the lavish production, the attendees are offered a chance to go and pray and join the church so that everyone can have a happy ending and avoid the torments that would most certainly await them in hell. All very uplifting, tolerant, and unbiased, goes without saying.

It also goes without saying I had a blast making fun of these very scary people who would rather spend lots of time, money, and energy in scaring people with beliefs different than their own, instead of putting that time, money, and energy to better use. A few ideas that come to mind are, I don't know: feeding the hungry, clothing the homeless, sending kids to school, buying books and school supplies for those who cannot afford them, working with the local community kitchen. And that's without actually thinking about it for more than two seconds.

So yeah: a very interesting documentary that will make you shiver and shake your head in disbelief. I wonder what Bill Maher would think of these people...

Friday, November 13, 2009

La estupidez humana

Con la historia de hoy inauguramos nueva etiqueta en Sunny Jhanna: la estupidez humana. Ni qué decir tiene, ya hemos tenido varias entradas en el pasado que trataban el tema, así que las he revisado todas para aplicar la etiqueta donde correspondiera, que si algo soy es concienzudo.

Lo que me ha hecho desenfundar el látigo de mi sarcasmo hoy es un aviso que he recibido del Ministerio de Asuntos Exteriores con respecto al Consulado español en Nueva Orleans. En esta carta, que recibí el viernes 6 de noviembre, se me comunica que el Consulado de Nueva Orleans cerrará sus puertas el 31 de octubre, y que a partir de ahora el Consulado de Houston será el que se encargue de cualquier trámite pertinente. Espero que hayáis notado que el tiempo verbal empleado en la carta es el futuro de indicativo, que se utiliza para describir acciones que aún no han sucedido. Sin embargo, a 6 de noviembre, el 31 de octubre no es el futuro, sino el pasado.

Podéis decirme que bueno, vale, es comprensible. La carta ha tardado una semana en llegarme, y por eso el aviso me ha llegado tarde y me resulta del todo inútil. Y estoy de acuerdo: es hasta cierto punto comprensible, aunque de ningún modo admisible. Imaginaos si fuera al revés y que, después de mandarle yo al gobierno cualquier papel que me pidieran con una semana de retraso, adujera que bueno, oigan: no es culpa mía que la carta haya tardado una semana en llegar. Sin embargo, eso no es lo más sangrante, no. Lo mejor es que en la segunda parte de la carta se especifican diferentes fechas límite para tramitar distintos documentos en el consulado:

1. Registro administrativo: hasta el 30 de octubre. Vaya hombre. Llego una semana tarde.

2. Protocolo notarial: hasta el 30 de octubre. Por qué poco se me ha pasado el plazo. No sé ni lo que significa, así que espero que no sea muy importante.

3. Registro civil: hasta el 14 de octubre. Jo. Afortunadamente, no me he casado en las últimas dos semanas, que si no...

4. Pasaportes y visados: se aceptarán (futuro) solicitudes hasta finales de septiembre. Más de un mes hace que se cerró el plazo. Más de un mes.

Lo bueno es que me puedo reír de todo esto porque no necesitaba sus servicios, pero hay que tener poca vergüenza para hacer cosas así. Ya sé que es el gobierno, y que se asume cierta ineptitud, pero aun así la cosa tiene delito. En fin...

Tuesday, October 06, 2009

La isla de los idiotas

Como todos sabemos, el tiempo en la soleada Jhanna transcurre de forma diferente al tiempo en la Tierra, y ésa es la razón por la que, pese a haber anunciado hace sólo un par de días que me acababa de comprar Harper's Island en DVD, ya he visto la serie completa y estoy listo para comentarla. Y, a diferencia de lo que pasa en esta producción del director Jon Turteltaub, no destriparé nada en los próximos minutos.

La serie no está mal, aunque no es ninguna maravilla. Es entretenida, el índice de mortalidad es espectacularmente elevado, y los episodios (sólo 13) te mantiene en vilo sin saber quién es el asesino hasta el final. (Aunque debo decir que, por una serie de razones, no me sorprendió demasiado.) Como suele ser habitual en este tipo de producto, los chicos son muy guapos y las chicas están de lo más buenas (ah, Katie Cassidy), todos con cuerpos cincelados a base de gimnasio, estricta dieta, y montones de ejercicio que ningún mero mortal está a la altura de duplicar. Los jóvenes actores son competentes, los diálogos están bien escritos, y la música misteriosa acompaña la acción perfectamente. Sin embargo, me molesta que, como en infinidad de otras películas, los protagonistas hagan cosas soberanamente estúpidas que desafían no sólo toda lógica, sino todo lo que hemos aprendido viendo películas y series con psicópatas sueltos durante los últimos veinte años. A saber:

1.
Separémonos en vez de ir juntos porque así cubriremos más terreno.

2. Sí, sí: entremos en esos túneles oscuros para ver si encontramos a nuestra amiga desaparecida.

3. ¿Y qué me dices de ese conducto por el que hay que moverse a gatas o a rastras de lo angosto que es? ¿Ese conducto en el que, como te salga el malo estás pero muerto? ¡Sí! ¡Entremos a rastras!

4. Ahora que sabemos dónde NO está el malo y que no puede entrar aquí, vamos a seguir pululando por ahí en vez de quedarnos quietos en este lugar con los rifles en alto para volarle la cabeza en cuanto aparezca.

5. ¡Mira! ¡Ahí está el malo, justo delante de nosotros! Vamos a salir corriendo en vez de dispararle, pese a tener los rifles en la mano.

6. ¡Por fin hemos capturado al malo! Vamos a atarle las manos con estos cinturones y meterlo en una celda en vez de volarle la cara de un tiro a bocajarro. A fin de cuentas, sólo ha pasado a cuchillo a unas veinte personas en los últimos cinco días, y se ha probado de un esquivo, escurridizo, y espabilado que tira de espaldas. ¡Seguro que será incapaz de desatar los cinturones y salir de la celda!

Y ya sé que hay una serie de tópicos y convenciones que casi a la fuerza hay que seguir, pero me niego a creer que la gente sea tan estúpida, y que los personajes que objetan a tal comportamiento se dejen convencer por los demás. Como recompensa, acaban diñándola, y para ese entonces no puedo sino reírme y alegrarme de que reciban su merecido. Por imbéciles.

Friday, September 18, 2009

Está que arde

A lo mejor es que soy un ignorante, pero debo confesar que la foto que acompaña esta entrada me ha dejado boquiabierto. En la foto en cuestión podéis apreciar la mitad del reparto de Glee, una nueva serie de la Fox que es mitad comedia, mitad musical, y probablemente todo fracaso. De todas formas, lo importante no son los humanos, sino el cartel que se puede ver detrás de la morena. Por si acaso estáis leyendo esto antes de hacer click en la foto para verla más grande, dejad que os diga lo que pone: "Por orden del Depto. de fuego, extrictamente prohibido el paso…". Y ojalá pudiera leer el resto, porque esta primera parte no tiene desperdicio. ¿El Departamento de fuego? ¿Quién es esta gente? Que yo sepa, el Fire Department es como se llama en inglés a los bomberos, pero a lo mejor estos fogosos individuos nada tienen que ver con ellos. Tal vez se trate de un club tan exclusivo que la entrada está "extrictamente" restringida a los más selectos candidatos. O quizá sean tan radicales, prendiendo fuego a todo lo que pillan, que directamente pasan de usar eses y utilizan las equis, que son más eXXXtremas. O, remota como es, cabe la posibilidad de que quien ha escrito esto sea un mentecato que no sabe hacer la O con un canuto. A lo mejor va y le sale otra X.

Thursday, June 18, 2009

Small Favor, Big Size

Small Favor is the tenth book in Jim Butcher's The Dresden Files, and even though I still haven't read it yet (I haven't even started the ninth installment in the series), I feel compelled to talk about it. Or to talk about its size, to be precise.

It all started with me looking up White Night (the ninth book in the series) on Amazon. I had seen it at Barnes & Noble, but the only copy they had was in pretty bad shape, so I thought I'd check it out online and get it there. I typed in the words, and the Amazon search engine gave me both White Night and Small Favor, paperback editions for both of them. That's when I realized the price difference: White Night was $7.99, as is usually the case with paperbacks, but Small Favor was $9.99. After frowning for a couple of seconds I remembered seeing the book at Barnes & Noble a couple of months ago, and I remembered I thought it looked bigger than usual. At the time, without even picking it up to flip through the pages, I thought it was maybe one of those large print editions, and therefore the size of the book was somewhere between a trade and a mass market paperback. Curious now, I clicked on the book, and I checked all the available formats. Turns out I was wrong: the $9.99 book was the only paperback edition available, and it is the normal edition. What gives?

I checked the customer reviews specifically looking for comments about the abnormal size of the book, and sure enough there was a thread that talked about this. I proceeded to read the different messages with a sinking heart, already knowing what was coming, and boy was I right.

Apparently, some publishers (if not all of them) have decided this time of economic crisis is as good a moment as any to raise the price of books, and to hell with the consequences. I had already noticed this trend with hardcovers (the only hardcovers I buy as a rule are Stephen King's books, so this took a while to sink in), but now it is obviously finding its way to the paperback market. So paperbacks from Roc (publishers of The Dresden Files) are going to be $9.99 now. That is bad. You want to hear what's worse? That the size of the books, as I've already pointed out earlier, is different. Small Favor is not smaller but bigger than its brothers. (Ah, the irony.) It stands about an inch taller than the previous nine books in the series, so what's going to happen when I get it? That my cool collection will look uniform up until book nine, and then we'll have this stupid change. So they're both raising the price (how much is that? A twenty percent increase?) and destroying continuity in one fell swoop. Nice job, guys.

Obviously, they want to make more money, and they've probably figured that people who will be bothered by the size change will just go ahead and purchase the previous nine books in the new, taller format when they are re-released, as they unquestionably will be. Well, I, for one, will not buy them again; and what's more, I think I am going to wait as long as I can to see if there is a newer, normal-sized edition of Small Favor put out after the general outcry. (Riiiight.) Therefore, by wanting to get two extra dollars from me, I am going to withhold the eight I would have gladly paid, so they will be losing money. I bet if everyone voted with their money, Roc would change their mind, but I doubt that will happen, and people will just buy the book.

The question remains: is this going to be the new standard in price and size across the board? Why not just the price? Do they really need to change the size to make a feeble attempt at justifying the price hike? And why not just one dollar? Why not $8.99? That would be bad enough, but twenty percent, and the stupid new size to boot? Give me a break. Or even better-- give me the old size and the old cover price.

Tuesday, April 07, 2009

Mala tarde

Como sé que os gusta escuchar mis desventuras, he decidido compartir con vosotros un par de sucesos que tuvieron lugar el jueves pasado. Para que os riáis, vamos.

I. Neumáticos tormentosos
Estando en clase, después de comer, un profe de la escuela me comentó que había visto en el parking que uno de los neumáticos traseros de mi coche estaba completamente pinchado. Como no podía hacer nada al respecto hasta que terminaran las clases de la tarde, tuve que esperarme hasta las 3:40 (cuando termina el período H) para acercarme a mi querida Sanyan Storm y comprobar que, en efecto, tenía la rueda trasera izquierda pinchada. Nunca había cambiado una rueda de coche, pero, afortunadamente, tenía conmigo a Glen, un profe amiguete (con el que voy a ir a la San Diego Comic Con este verano, precisamente) que estaba dispuesto a ayudarme. Total, que justo cuando llegamos al coche y sacamos el gato, empieza a llover. La ley de Murphy, y tal. No sólo eso, sino que en cosa de un minuto empezó a caer una que no veas, y acabamos los dos empapados. No sólo eso, sino que encima íbamos los dos vestidos con la ropa que solemos llevar a clase (camisa, corbata), y estábamos intentando no pringarnos demasiado pero estábamos fracasando en el intento. No sólo eso, sino que encima mi camisa era blanca (por supuesto).

Haciendo de tripas corazón, nos pusimos a hacer fuerza, pero ninguno de los dos podíamos mover las tuercas, que venían bien apretaditas de fábrica, y no estábamos seguros de qué hacer al respecto. Fue entonces cuando empezó a tronar y nos entró la paranoia de qué pasaría si de pronto el gato atraía algún rayo y acabábamos carbonizados en el parking de la escuela.

Al final, Glen sugirió dejar el coche allí hasta el día siguiente, y que él me llevaría a casa esa tarde y me recogería a la mañana siguiente. Una vez terminásemos las clases el viernes, dijo, podríamos cambiar la rueda con toda la tranquilidad y el buen tiempo del mundo. Pese a que había estado planeando ir al supermercado esa tarde porque casi no me quedaba comida en la nevera y me había terminado la leche esa mañana (con lo que no iba a poder desayunar el viernes), la idea me pareció una sugerencia de lo más razonable. Derrotado pues por los elementos, me fui a casa.

II. Imbéciles al teléfono
Una vez Glen me hubo dejado en casa y me hube dado una ducha para "secarme", se me ocurrió consultar la página web del consulado español en Nueva Orleans, pues tenía unas dudas con respecto a mi pasaporte y visado. Básicamente, cuando vaya en julio a España, tendré que ir a la embajada americana en Madrid para que me hagan un visado que caducará en agosto de 2011 para poder entrar a los USA cuando regrese a casa después de la boda de mi hermana. El posible problema es que mi pasaporte caduca en marzo de 2010, con lo que quería saber si en Madrid me iban a poner pegas a la hora de hacerme el visado, o si tendría que renovar de nuevo el visado tras renovar el pasaporte en marzo. O (pregunta clave), si me permitirían renovar el pasaporte ahora sin tener que esperar a marzo, y prevenir así ambos problemas. Fácil, ¿verdad? Pues no.

Después de indagar en la página web y no encontrar respuesta a mis preguntas, me decidí a llamar al consulado en Birmingham, Alabama, dado que la página decía que el consulado de New Orleans estaba ubicado allí de forma temporal. El teléfono me lo cogió una mujer que decía ser abogada y experta en visados de mi categoría, qué suerte. Y además, la señora era española, lo que en teoría debía hasta facilitar la comunicación, ¿verdad? Pues no.

Básicamente, y para que no os duela el cerebro como me dolió a mí, la mujer del consulado fue incapaz de contestar ninguna de mis tres preguntas. Pero no es que me dijera "Oye, mira, no estoy segura", o "No lo sé", no. Cada vez que le hacía una pregunta, la tía me soltaba un rollazo kilométrico que no respondía a la pregunta. Y cuando conseguía cortarla y reformular la pregunta de forma diferente para que la comprendiera, la muy perspicaz volvía al rollo que había dejado a medias y lo terminaba, sin contestar a mi pregunta. Cuando ya me rendí y le hice la sencilla pregunta de cuánto tiempo se tarda en tramitar la renovación del pasaporte, adivinad lo que me dijo. Si habéis contestado “Nada que contestara la pregunta”, habéis acertado. Derrotado pues por la estupidez humana, le agradecí la "ayuda" prestada, y colgué.

III. Resolución
Afortunadamente, el viernes todo salió mejor. A media mañana, mi abogada contestó las preguntas que le había mandado por correo la tarde anterior, demostrándome que no era yo el que no se había sabido explicar, sino la retrasada mental del consulado la que no tenía ni idea. Y al terminar las clases, Glen y yo cambiamos la rueda (jamás se me olvidará cómo hacerlo), y luego me acerqué al taller, donde no sólo me arreglaron el neumático (un clavo enorme era el causante de mi desgracia), sino que no me cobraron nada. Otra cosa no, pero al menos el fin de semana empezó con buen pie.

Friday, April 03, 2009

La oscuridad y la comercialidad

Como ya dije el otro día, me gusta apoyar a Top Cow cuando tengo la ocasión, así que en mi última visita a la tienda de comics decidí comprarme el número 75 de The Darkness, por aquello de ser un número especial, qué bonita celebración, etcétera. La historia, escrita por Phil Hester, es interesante, y retrata un futuro no muy lejano pero sí muy apocalíptico en el que The Darkness ha conquistado la Tierra. Los dibujos corren a cargo de un montón de artistas diferentes por aquello de la celebración, pero, sinceramente, no me gusta mucho cuando las editoriales hacen esto. Al menos, tenemos algunas páginas estupendas cortesía de Joe Benitez y Marc Silvestri, pero la mayoría son normalitas o algo menos.

Lo que más me molesta, y la razón por la que estuve a punto de no comprarme el cómic, es la sucia triquiñuela de márketing que ha convertido a este número de la serie en el "número 75". El primer número de The Darkness apareció en julio de 1996, y la serie terminó con el número 40 en junio de 2001 debido a la falta de ventas. Dado que el personaje de Jackie Estacado era carismático (no lo suficiente para mantener su propio título, curiosamente) o como tal nos lo querían vender, el segundo volumen de la serie comenzó con un nuevo número 1 en diciembre de 2002. Y como todos sabemos, los números 1 venden más y atraen a nuevos lectores, con lo que es hasta cierto punto comprensible que usaran este truquillo para resucitar la serie. Sin embargo, el bueno de Jackie Estacado probó de nuevo no tener el potencial suficiente para vender un título propio, y esta nueva serie terminó con el número 24 en diciembre de 2004, qué pena.

Al año siguiente, Starbreeze Studios, una compañía interesada en este carismático personaje empezó a desarrollar un videojuego basado en la serie, y que aparecería en 2007. Ni qué decir tiene, Top Cow empezó a hacer publicidad del juego en 2006, coincidiendo con lo que la editorial llamó "el décimo aniversario" del personaje, afirmación que, aunque era técnicamente correcta, me hizo reírme por lo bajo, pues me pareció bastante irónico celebrar el aniversario de un personaje que llevaba sin serie desde hacía dos años. Pero claro, también comprendo que es su propiedad intelectual y quieren exprimirla al máximo, especialmente con el videojuego en desarrollo y a punto de salir al mercado.

Por si esto fuera poco, a la aparición del videojuego se le unió una serie de especiales sobre el personaje que preludiaban la nueva serie regular (volumen 3, por si os habéis perdido), cuyo nuevo número 1 (márketing, márketing) apareció a mediados de 2007. Dicha serie regular siguió apareciendo más o menos mes tras mes, hasta que, de pronto, los lectores descubrieron que al número 10 lo seguiría no el número 11 sino el 75. ¿Cóoooomo? ¿Qué? Ah, claro, que si sumamos los números de los dos primeros volúmenes más los que llevamos del tercero, el resultado es 75, el número perfecto para echarle algo de morro, aumentar el número de páginas (y el precio, ni qué decir tiene), y volver a la numeración original que tan imperecedero personaje merece, pues setenta y cinco números no es algo que cualquier personaje de editorial independiente consiga fácilmente. (O sea, nueva oportunidad para relanzar la recientemente relanzada serie.)

Y pese a ser consciente de todo esto, compré el cómic porque Top Cow es la única compañía que ha garantizado que los precios de sus series regulares se mantendrán a $2.99 durante todo el año, mientras que la competencia (especialmente Marvel) ha covertido los $3.99 por número en prácticamente el nuevo estándar. Y porque Top Cow está regalando comics de sus series regulares (no cualquier porquería hecha para tal fin) por todo el país para ganar nuevos lectores y promocionar sus series. Y porque cada vez que en Top Cow tienen un crossover o evento especial, lo limitan a tres o cuatro números en vez de tres o cuatro docenas, al contrario que ciertas editoriales. Por todo esto, en definitiva, me dejé "engañar" y compré The Darkness #75, pese a saber que ni de lejos es el número 75. (No hay más que ver su serie hermana Witchblade, que ha llegado a los 125 sin trucos baratos.)

Lo peor de todo es que esta práctica de tomarle el pelo al lector sucede cada día más. Hace poco Marvel hizo lo mismo con Thor, que después de dos volúmenes y trece números del tercero, volvió a su numeración original para "celebrar" el número 600, qué cara más dura. Pero la cosa debió salirles bien, pues ya han anunciado que Hulk regresa a su numeración original para también festejar tanto su número 600 como la poca vergüenza de la editorial.

A lo mejor es que me hago viejo y cada día estoy más gruñón, pero esto me parece una desfachatez y una falta de respecto tremenda motivada por las ganas de ganar cuanto más dinero mejor. Además, no deja de resultarme espectacularmente irónico que por razones de márketing se deshaga un cambio que se hizo por razones de márketing que, en su día, se hizo por razones de márketing. Será que todo vale.

Saturday, February 21, 2009

Sessler Unleashed II

A few months ago I told you guys about Adam Sessler's review of a Final Fantasy game, and how the lash from the fanboys was so vicious he felt compelled to retool his original review with hysterical results. Well, today we have Sessler answer a few stupid comments from a few stupid morons with the passion and honesty that I love so much about him. So there you go: Sessler unleashed again!

Saturday, December 13, 2008

No Wonder It Wails

Parece que últimamente me encuentro con enigmas impenetrables generados por la estupidez humana y que, pese a resultar molestos o desesperantes, al menos me dan para escribir entradas en este vuestro blog.

Resulta que mi querida Barnes & Noble, uno de los tres o cuatro sitios donde no tengo reparos en gastarme toda la pasta que se tercie, cambió de ubicación el mes pasado. La cosa ya se sabía desde finales de octubre o principios de noviembre, pues incluso el bibliófilo menos avispado no podía sino percatarse de que múltiples estantes habían desaparecido (en la moqueta, enormes marcas de ésas que dejan los muebles cuando no se mueven en meses o años), y de que había un nada discreto cartelón anunciando la inauguración del nuevo local el doce de noviembre.

La última vez que había comprado algo en la tienda vieja me habían dado un cupón de descuento para la nueva que caducaba a finales de año, y, por supuesto, me moría de ganas por ir a comprarme varios cientos de páginas de letra impresa. Pero –artero que es uno-, en vez de ir rápidamente a visitar la nueva tienda el mismo día doce y hacerme con lo que fuera que me encontrara, pensé que podía esperar hasta el veinticinco y usar el descuento en The Outlaw Demon Wails, la sexta entrega de las aventuras de Rachel Morgan, que salía en edición bolsillo ese día. Además, el martes era el último día de clase antes de las vacaciones de Acción de Gracias, y qué mejor forma de empezar tan merecido descanso con buen pie. (O con buena espalda: la que se me iba a quedar de estar tumbado en el sofá leyendo.)

Por unas cosas y por otras, al final acabé yendo el miércoles por la mañana, no sin antes cerciorarme de que el libro había salido a la venta sin retrasos o cosas raras. Si Amazon decía que el libro estaba disponible, entonces tenía que estarlo. Y eso es en lo que iba pensando de camino Hamilton Place, el centro comercial donde está la librería.

Una vez aparqué y entré en Barnes & Noble pude apreciar que la nueva tienda es exactamente igual que el resto de emplazamientos de la cadena que he visto por todas partes, algo que noté con presteza dado que la tienda vieja era diferente a las demás, algo en lo que siempre reparaba cuando visitaba algún Barnes & Noble en otra ciudad. (Y paro ya, que esto empieza a aparecerse al remake de El coche fantástico que os contaba ayer.) Así que, tras comprobar que me lo habían cambiado todo de sitio –el desasosiego, la inseguridad-, me paseé por la tienda tomando notas mentales de dónde queda todo ahora para saberlo en mis múltiples visitas futuras.

Durante esta fase de reconocimiento iba también prestando atención por si veía el libro que buscaba, cuya portada tenía memorizada tras haberlo tenido en mi wishlist en Amazon durante meses. Así pues, eché un vistazo a los libros en la sección New on paperback, y New arrivals, pero del libro no había ni rastro.

Pensando que debía estar entonces en la sección de fantasía, culebreé por los pasillos hasta personarme frente a la H de Harrison, Kim, pero, una vez más, la esquiva novela seguía escondiéndose de mí. El mosqueo creciente, miré la sección de New arrivals de fantasía, y la de Featured Books de fantasía también, mas el libro parecía haberse esfumado sin dejar huella. Asegurándome a mí mismo que en algún sitio tenía que estar, empecé a dar vueltas por la zona, comprobando distintos estantes, mesas, y lugares donde maldito el sentido que tendría que el libro estuviera. Y donde no estaba.

Viendo que la chica de atención al cliente estaba de lo más bien, pensé que tal vez lo más fácil sería ir y preguntarle, pero no quería quedar como un imbécil que no ve el libro que tiene delante suyo, así que recorrí la tienda de nuevo, esperando que tal vez el libro se materializara mágicamente en esta segunda vuelta. Estando en estas, descubrí algo nuevo que la tienda vieja no tenía: portátiles estratégicamente situados para que el cliente busque lo que le apetezca (probablemente libros) y pueda encontrarlo en la tienda él solito sin molestar a las guapas empleadas. Pensando de nuevo en no quedar como un gañán, me decidí a buscar en la base de datos antes de hablar con la chica, y tecleé el nombre de la autora. Lo primero que me salió fue el nuevo libro y, junto a la foto de la portada, unas letras que me aseguraban que tenían el libro en la tienda. No sólo eso, sino que el práctico mapa de al lado del texto me señalaba exactamente dónde encontrar la tan ansiada novela. ¿Y a dónde pensáis que me mandó el ordenador? Si habéis respondido “a la H en la sección de fantasía”, habéis ganado el premio (un libro de Kim Harrison que tendréis que encontrar vosotros solitos, faltaría). Como un imbécil, me desplacé de nuevo hasta la sección de fantasía, letra H, y comprobé –sin mucha sorpresa, debo decir-, que el libro que el ordenador me aseguraba estaba allí no había aparecido por arte de magia. Vaya.

Habiendo agotado todos mis recursos, capitulé y me acerqué a la atenta chica del circular mostrador central. El libro nuevo de Kim Harrison, le dije que quería. Que o soy subnormal, o no está donde debería, le dije con mi sonrisa de dientes torcidos.

“Sí lo tenemos,” contestó la chica.
Eso me gustaría verlo, me callé yo, asintiendo en su lugar.
“Está en la sección de fantasía. En la letra H.”
“Lo que tú digas, corazón.”

Encantado con la vista, seguí a la voluntariosa asistente de clientes hasta la sección de fantasía (letra H), donde, fíjate tú, el libro no estaba. No queriéndose dejar vencer, la chica empezó a mirar los otros libros de Kim Harrison que sí tenían allí, a lo que no pude sino hacerle notar que ninguno de aquellos era el que buscaba, pues esos ya los tenía. Qué raro, qué raro.

“¿Y dices que es nuevo?”
“Salió ayer mismo. A ver si es que no lo habéis recibido.”
Tras un rápido viaje al ordenador, la chica me confirmó que sí lo tenían.
“Tenemos veinticuatro copias.”
“En serio,” afirmé más que pregunté.
“Vamos a ver en New arrivals.”
“No es por decirte cómo hacer tu trabajo, pero ya he mirado tanto ahí como en New on paperback. Y en New in fantasy. Y en todas partes, vamos.”
“Pues tenemos veinticuatro,” me aseguró.
“Si no es que no me lo crea…”

Total, que fuimos a New arrivals, New on paperback, New in fantasy (no sé para qué digo las cosas), y para sorpresa de la chica –que no la mía-, The Outlaw Demon Wails siguió probándose de un escurridizo inusitado.

“Pues qué raro, oye, si tenemos veinticuatro.”
Creo que fue entonces cuando empecé a reírme a carcajadas, y la confianza de la chica empezó a desmoronarse.
“Te juro que llevo toda la mañana igual. Viene la gente buscando libros, ninguno está donde debería, y yo como una idiota paseándome tienda arriba y tienda abajo.”

Tras asegurarle que no era culpa suya y que le agradecía mucho que me ayudara (y que no le importara que caminase detrás de ella, jejeje), pasamos al plan B, que aparentemente consistía en preguntarle a una cajera rubia si había visto el libro por ahí. Huyendo de los clientes, o algo. Tras hacerme repetir el título varias veces –sintiéndome más y más estúpido cada vez que decía The Outlaw Demon Wails, que anda que el titulito no se las trae-, la rubia sugirió llamar por teléfono a algún sitio misterioso (el almacén, presuntamente), desde donde nos aseguraron que había veinticuatro copias de la novela en la tienda (sorprendente). Concentrándome en lo importante (ciertos atributos físicos al sur de la espalda de mi compañera de búsqueda), seguí de nuevo a mi perdida guía mientras daba una nueva vuelta por la tienda (comprobando la pantalla de su ordenador cada vez que pasábamos por el mostrador de atención al cliente, temerosa tal vez de que el resultado de la búsqueda en el catálogo hubiera cambiado de “veinticuatro libros” a “te estamos tomando el pelo”), todo para acabar de nuevo donde habíamos empezado.

“Deja que les llame otra vez.”
“A ver si es que se ha agotado,” probé yo.
“No. Imposible. Tenemos veinticuatro copias.”
Veinticuatro golpes en la cabeza os daba yo, callé de nuevo.

Tras una breve conversación telefónica, la chica me anunció que el tipo de la trastienda iba a mirar si lo tenía por allí, y sin quitar los ojos de la pantalla (posiblemente memorizando la para entonces odiada portada para quemarla en cuanto la viera) me preguntó de qué iba el libro. Fue entonces cuando me puse a monologar, cantando las excelencias de la serie, urgiéndola a leer tan estupendos libros –no tengo remedio-. Y entonces llegó el tipillo de la trastienda, libro en mano, sonrisa en rostro.

“Ahí está,” dije yo, reconociendo no al empleado sino la anhelada portada.
“Recién salido de la caja,” dijo el chico. “El tuyo es el primero.”
“Pero si dice que tenemos veinticuatro,” se aferró la chica a su historia.
“Sí, y están todos en la caja que nadie había abierto.”

Tras darme el libro y asegurarme lo contenta que estaba de que lo hubiéramos encontrado, la chica volvió a lo suyo y yo me fui a la caja para pagar. No es que sea un experto en libros ni nada parecido, pero yo pensaba que para vender libros había que sacarlos de las cajas. O para contarlos, que ésa es otra. Al parecer, el paquete llegó, se contaron los libros sin abrir la caja (¿rayos-X? ¿Magia?), se metieron los datos en el inventario, y finalmente se arrinconó el paquete en el almacén. ¿Para qué sacarlos, si sabemos que tenemos veinticuatro copias? De hecho, esto podría suponerles un ahorro considerable en tiempo, estanterías y mano de obra, ahora que lo pienso. ¿Por qué no poner las cajas tal cual en la tienda, y el que esté interesado que las abra y mire lo que hay dentro? Qué emocionante sería comprar libros de ser así el sistema, ¿verdad? Como un sobre sorpresa de esos rojos que hacían nuestras delicias cuando éramos pequeños. Unos pioneros es lo que son estos chicos de Barnes & Noble. Pioneros.

Friday, December 12, 2008

Laberinto de imbéciles

La entrada de hoy es corta pero no tiene desperdicio.
¿Recordáis la nueva serie Knight Rider basada en el clásico de nuestra infancia? Pues parece que el coche fantástico no es tan fantástico, o a lo mejor es que los productores no saben o lo que ellos quieren o lo que al público le gustaría ver. Resulta que han dejado de emitir la serie que empezó en septiembre, y que era, por si os habíais olvidado, una mejora/actualización/lavado de cara/puesta al día o como queráis llamarlo de la película de dos horas que estrenaron en televisión en febrero, y que se suponía era una mejora/actualización/lavado de cara/puesta al día o como queráis llamarlo de la serie clásica protagonizada por David Hasselhoff. Pero la serie no ha sido cancelada, sino que vuelve pronto para terminar la temporada
-preparaos- después de que la sometan a una mejora/actualización/lavado de cara/puesta al día o como queráis llamarlo CON RESPECTO A LA PRIMERA MITAD DE LA MISMA TEMPORADA, que ya era de por sí una mejora/actualización/lavado de cara/puesta al día o como queráis llamarlo de la película que era una mejora/actualización/lavado de cara/puesta al día o como queráis llamarlo de la serie original.
O sea, que aquí alguien es gilipollas, y no somos ninguno de los aquí reunidos.