La última entrega de la saga pirática más famosa de la última década es una de las pocas películas que tuve el placer de ver el año pasado en pantalla grande (Crapfinder no entra en esa agradable categoría, por supuesto). En su momento la película me gustó, quizás gracias a la despiadada crítica de Finn5fel, que ya había leído antes. Así que no se puede decir que viera la película con unas expectativas demasiado altas. En esencia, en aquél momento me pareció una película inferior a sus predecesoras, sí, pero digna, agradable y bastante entretenida de ver. Y debo reconocer que, tras un segundo visionado, mi opinión ha cambiado un tanto. Pirates of the Caribbean: At World's End (dirigida por Gore Verbinski; guión de Ted Elliot y Terry Rossio sobre personajes originales de Elliot, Rossio, Stuart Beattie y Jay Wolpert) es una película entretenida a ratos, demasiado larga para lo que ofrece, y con un guión tan innecesariamente enrevesado que seguir los pormenores de la historia llega a convertirse en toda una odisea.
La trama de esta tercera parte se centra especialmente en tres frentes: la relación Will/Elizabeth, la historia de Davy Jones y su amada Calypso, y la lucha contra la Compañía de las Indias Orientales por el control de los mares.
Por supuesto, una infinidad de subtramas de mayor y menor envergadura pululan bajo la línea argumental del film, lo que, pese a que la película se vaya casi a las tres horas de duración, consigue hacer imposible que todos los personajes y arcos argumentales de las películas precedentes lleguen a recibir el trato y la conclusión que merecen.
La película retoma la acción donde la dejó la anterior: Will, Elizabeth & Co. pretenden ir a los confines del mundo para rescatar a Jack Sparrow de la muerte. Como resucitar a alguien no es precisamente algo que deba ser logrado muy a la ligera en una obra dramática, aproximadamente toda la primera hora de película se centra en ello, demasiado tiempo y demasiado metraje (coñazo de alegoría cangrejil incluída) que podría haber sido mucho mejor aprovechado para profundizar en las motivaciones de ciertos personajes y aclarar algunas lagunas argumentales.
Por ejemplo, Barbossa fue resucitado al final de Dead Man's Chest. Perfecto. Eso sí, al menos que yo recuerde, durante esta conclusión a la saga ni una sola vez se explica por qué fue resucitado. O cómo. Barbossa está en esta película porque a los guionistas les apetecía volver a enfrentarle a Jack Sparrow en calidad de aliado, y ni se molestan en dar una justificación adecuada.
De las tres películas de la saga, ésta es la única en la que da la sensación de que los personajes, en lugar de actuar y tomar decisiones por su propia cuenta, son impuestos en las posiciones que los guionistas los necesitan. Aparte del ejemplo de Barbossa, tenemos también el caso de Elizabeth Swann, quien, para obtener una posición decisiva en el devenir de la historia a partir del Consejo Pirata, (Spoiler)es nombrada capitana sucesora por el pirata Sao Feng (Chow Yun-Fat) a la muerte de éste. La justificación para ello (Feng la cree la propia diosa Calypso) es válida, pero barata y no del todo creíble, por no mencionar que Feng es un personaje que prácticamente acabamos de conocer.(Fin Spoiler)O también está, más obviamente, la resurrección de Sparrow. Obviamente éste tenía que figurar en la película, y Elliott y Rossio, comprendiendo que el autodenominado Capitán no es tan íntimo del resto de personajes (Turner, Barbossa...) como para que éstos vayan a ir hasta el fin del mundo sólo para traerlo de vuelta a la vida, de nuevo optan por una solución fácil, válida, pero increíblemente insatisfactoria: (Spoiler)Sparrow tiene que vivir para asistir a la próxima reunión del Consejo de Piratas. Pues qué bien.(Fin Spoiler)
Toda la larguísima secuencia de rescate de Sparrow que conforma el inicio de la película, muy a la Palacio de Jabba en RotJ, otorga un ritmo lento y pausado a la cinta (a pesar de toda la acción y los combates), del que no se llega a recuperar. Donde El Retorno del Jedi simplemente cambiaba de escenario y se movía rápida y ágilmente hacía el clímax final, At World's End se pierde en un segundo acto demasiado largo y complejo, repleto de giros argumentales en forma de continuas traiciones y cambios de bando que acaban por ser imposibles de seguir con un mínimo de lógica. No quedan muy claras las motivaciones reales de la mayoría de los personajes, y, la verdad, acaba por llegar un momento en el que el espectador simplemente deja de intentar seguir esa parte de la película.
La historia de la diosa Calypso conforma uno de los grandes arcos argumentales de la película, hasta el punto de que rara es la escena en la que no está de un modo u otro presente. Dos son sus principales cometidos: dar profundidad al ya de por si excelente personaje de Davy Jones, y ser el hilo conductor que mueve la trama. Pero los guionistas resuelven toda la anticipación hacia la inminente aparición de la diosa en la película con un clímax pobre y una resolución penosa.
Durante toda la película, todas las acciones de los personajes protagonistas con la posible excepción de Turner (el rescate de Sparrow, la historia de Swann, las acciones de Barbossa...) ha girado en torno al retorno de la diosa. (Spoiler)Y cuando ésta, una vez descubrimos que es la propia Tia Dalma, regresa, el único efecto que tiene sobre el clímax de la película es crear un remolino para dotar de un marco épico a la batalla final.(Fin Spoiler) Decir anticlimático es decir poco.Por suerte uno de los hilos argumentales de la película, y sin duda el arco argumental principal durante toda la saga, la relación romántica entre Will Turner y Elizabeth Swann, sí que posee un final lo suficientemente satisfactorio. En un buen clímax que no podría ir más acorde con el espíritu ligero de las anteriores entregas, (Spoiler)Will y Elizabeth contraen matrimonio durante la batalla final, en la que tan pronto se dan los votos como ensartan al enemigo más próximo.(Fin Spoiler) Y la resolución, que cierra la película (por dos veces), es, simple y llanamente, la que tenía que ser. Da final satisfactoriamente a la historia personal de Turner y su relación con Elizabeth, y tiene un carácter épico que se aparta levemente del "y fueron felices para siempre".
Tanto material para la conclusión de una trilogía, incluso tratándose de una película de casi tres horas de duración, obliga a dejar de lado a ciertos personajes y tramas que habían tenido mucha mayor importancia en las películas precedentes. La película sufre así también por la rápida y torpe resolución de algunos hilos argumentales. Así, por ejemplo, (Spoilers)el Kraken, que tan importante fuera en Dead Man's Chest, no obtiene más que una triste mención de su muerte y un corto plano de su cadáver en una playa. El Gobernador Swann, padre de Elizabeth, aparece en una escena y es asesinado fuera de pantalla, con el único fin de dar tensión a la película. Y en el caso de James Norrington, tras su prominente papel en las dos primeras entregas, no obtiene más que un par de líneas de diálogo antes de encontrar una muerte que pretende ser heroica, pero resulta ser torpe e innecesaria.
Y sin embargo, quien sí que tiene un final épico es Lord Cutler Beckett, quien, impávido, se deja morir mientras su nave y su mundo explosionan a su alrededor a cámara lenta. Lástima que el personaje no fuera lo suficientemente explorado antes como para que esa escena pueda tener el impacto que obviamente busca.(Fin Spoilers)
En resumen, At World's End, película que lo tenía todo para ser una conclusión épica a una trilogía entretenida y emocionante, se acaba perdiendo en sus propios recovecos con una historia sobrecargada, un metraje excesivo y un ritmo más lento de lo normal.
Y, sólo para que conste, la aparición de Keith Richards como padre de Jack Sparrow es entretenida, pero no podría ser más gratuita.














