Sunny Jhanna

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Wednesday, March 29, 2017

De viaje por el desierto

El tercer juego que me he pasado este año ha sido Journey, el famoso juego de Thatgamecompany que conquistó los corazones de propios y extraños cuando salió a la venta en 2012 en exclusiva para la PlayStation 3. Un juego tan alabado y multi-premiado no podía quedarse sin su versión para la nueva consola de Sony, y cuando lo vi de oferta para la PS4 decidí hacerme con él para juzgar por mí mismo y ver si el juego era tan maravilloso como todo el mundo coincidía en señalar.

La práctica totalidad de Journey (excepto por el final) transcurre en el desierto, donde el personaje protagonista salta entre ruinas, se desliza por dunas, y avanza siempre en dirección a una columna de luz en la cima de una montaña. El personaje no habla, y no hay ningún texto ni narrador que nos cuente la historia, con lo que la música tiene completo protagonismo narrativo y sonoro, e ilustra los sencillos pero hermosos escenarios con gran acierto.

Sí, vale, diréis. Pero, ¿de qué va el juego? Buena pregunta. La respuesta es que el juego es, como su propio título indica, un viaje. Pero un viaje, ¿adónde? Pues... hacia la montaña. ¿Y ya está? Buena pregunta. Ya he dicho que no hay nada ni nadie que le cuente la historia al jugador, con lo que significado del juego resulta ciertamente ambiguo y subjetivo. Mucha gente ha señalado cómo lo poco que ofrece el juego en términos de historia o personalidad del protagonista se presta a que el propio jugador interprete el juego como quiera, identificándose con el personaje, metiéndose en su piel, y transformando el viaje del personaje en el suyo propio. Yo, personalmente, creo que el juego es una alegoría que ilustra nuestras vidas: cómo vivimos buscándole el sentido a la vida, y cómo al final se trasciende (o no), y se alcanza otro estado cognitivo (o no). Este viaje, creo, es más intelectual que físico, ya que lo que se busca es el significado del universo, que nuestro personaje descubre tras pasarse la vida estudiando, aprendiendo, y reflexionando. O no.

En lo que a las mecánicas del juego se refiere, el personajillo que controla el jugador anda, salta, planea cuando coge cierto objeto... y poco más. La verdad es que no hay mucho que hacer aparte de moverse por los escenarios y activar algún que otro mecanismo. El juego consiste en avanzar hacia la meta, y ya está.

Journey es un juego corto que se termina en unas cuatro horas, y que invita a pasárselo varias veces, tanto en solitario como con otra persona que esté jugando en línea y aparezca en tu partida. Al no estar suscrito a PS+, asumí que no iba a poder experimentar el aspecto multijugador del juego, así que imaginad mi sorpresa cuando, en un momento dado, otro viajero apareció a mi lado y se puso a recorrer el desierto junto a mí. Había leído los comentarios de mucha gente diciendo que la mejor forma de jugar a Journey es con un compañero, pese a que no se puede hablar o comunicarse de ninguna manera. Sinceramente, leí estas afirmaciones con escepticismo, pero debo decir que encontrarme con este otro jugador en medio de las dunas me sorprendió bastante, y para bien. De pronto, mi viaje solitario se convirtió en una aventura compartida, al menos durante un par de niveles, lo que me resultó extrañamente satisfactorio.

Dicho todo esto, probablemente os estaréis preguntando qué me ha parecido el juego. Todo esto de alegorías y viajes metafísicos está muy bien, pero, ¿el juego vale la pena o no? Como ya he dicho, Journey se puede jugar de principio a fin en unas cuatro horas, que yo acabé repartiendo en tres sesiones diferentes. La primera sesión me duró unas dos horas, en las que me pasé la primera mitad del juego, más o menos. Durante ese tiempo, Journey me tuvo entretenido y poco más. Sí, los gráficos estaban muy bien, pero no había prácticamente nada que hacer excepto avanzar, avanzar, y seguir avanzando. Terriblemente sobrevalorado, me pareció que estaba.

Debido al poco tiempo que tengo para jugar, no pude regresar a Journey hasta dos semanas después, cuando logré encontrar otra hora y media que dedicarle al juego. Y fue ahí cuando, sin saber muy bien cómo, me vi inmerso completamente en este misterioso viaje. Los gráficos, la música, y los otros jugadores que me encontré se combinaron de forma inesperada y transformaron el juego en una experiencia mágica. Quería seguir jugando y ver cómo terminaba todo, pero tuve que dejarlo hasta el día siguiente.

El día siguiente me lo pasé entero deseando poder terminar el juego, algo que no pude hacer hasta después de cenar. Eso sí: una vez logré sentarme delante de la consola, la media hora que pasé completando mi viaje fue fascinante, gracias sobre todo a la soberbia banda sonora que eleva el juego en general y su última sección en particular, y lo convierte en una experiencia casi mística. ¿Exagero? Puede que sí, pero ahora comprendo por qué Journey hechizó a tantos jugadores cuando salió a la venta.

Para resumir, os diré que Journey es un juego al que vale la pena jugar, pero que hay que jugar de principio a fin para poder apreciarlo en su totalidad. Y también os diré que la banda sonora hay que comprársela tan rápido como sea posible (sólo cuesta $4.99 en iTunes). Le doy cuatro estrellas místico-transcendentales, y os animo a que le echéis un vistazo, a ver qué os parece. ¡Un juego excelente!

2 comments:

Nash said...

Que juegos más raros sacan ahora pero la verdad es que suena muy diferente a lo xonvencional y eso está muy bien.

finn5fel said...

Es diferente, sin duda :)