
En su último correo electrónico, mi querido co-blogueador Halagan mencionaba, al hablar de cine, que quería ir a ver
The Cabin in the Woods, película escrita por Joss Whedon y su habitual colaborador Drew Goddard. Este comentario, en apariencia carente de demasiada importancia, me hizo caer en la cuenta de que mi esposa y yo habíamos ido a verla el fin de semana pasado, y que se me había olvidado por completo comentarla aquí. ¿Acaso fue porque no me pareció gran cosa y no he pensado mucho en ella? Todo puede ser.
Tanto a mi querida esposa como a mí nos encantan las películas de miedo, y dado las magníficas críticas que había recibido (un increíble
92% en
Rotten Tomatoes), nos moríamos de ganas de verla. Así pues, el mismo fin de semana del estreno nos personamos en el cine, listos para degustar la última creación whedoniana que seguro, seguro, no nos iba a defraudar. ¿Un noventa y dos por ciento en
Rotten Tomatoes? ¿Cómo podría no ser fantástica? Bueeeeno...
Por si acaso no os ha quedado claro todavía, la película me dejó igual. ¿Entretenida? Sí. ¿Buenas actuaciones? Sí. ¿Diálogos dinámicos? Claro: Whedon está al teclado. ¿Bien hecha? Bastante, excepto por ciertos efectos especiales que se nota son más computerizados que la bragueta de Terminator (te estoy mirando a ti, serpiente gigante). Entonces, ¿cuál es el problema? A ver si puedo explicarlo sin destripar nada.
TCITW presenta, desde el principio, dos partes completamente distintas y bien diferenciadas, y es en esto en lo que radica su innegable originalidad. Ambas partes se van alternando a lo largo de la película, y crean algo bastante diferente a casi cualquier cosa que hayáis visto con anterioridad. Sin embargo, y en mi humilde opinión, estos cambios constantes no benefician sino que perjudican al conjunto, pues cada vez que se lograba crear una atmósfera determinada, dicha atmósfera desaparecía de un plumazo al pasarse a la otra parte de la acción; y cuando empezaba a sumergirme en dicha parte, ¡zás!, la acción volvía a la primera parte y el círculo se perpetuaba. Y me gustaría decir más, pero mi alergia a destripar cosas (ja, ja) me lo impide.
En resumen, las dos partes de la película, por separado, me gustaron bastante, pero la forma en que se cortan e interrumpen la una a la otra hizo que nunca llegara a meterme por completo en la historia, con lo que, al final, me pareció entretenida y poco más. Sin embargo, ya os digo que me encuentro entre la minoría más reducida, ya que a todo el mundo parece haberle encantado, y mira que hay ciertos elementos que no puedo señalar en esta spoiler-free review que, a priori, deberían haberme hecho disfrutar de esta Cabaña como un enano. Pero bueno. Ya me diréis qué os parece cuando la veáis, y lo equivocado que estoy al no rendirme ante el genio de Joss Whedon. Que soy raro, vamos.