Sunday, July 30, 2017

Pues llorar, cojones

Una de las ventajas que tiene haber tenido el móvil apagado durante un mes (lo que tardaron en llegarme las partes y herramientas necesarias para poder cambiarle la pantalla, que la tenía reventada), es que de repente uno parece tener más tiempo libre. Todos esos ratos sueltos que solía llenar con rápidas miradas a mi feed de WhatsApp, o con sospechosas consultas a la Wikipedia, se convierten en largos momentos que pueden ser llenados sin necesidad de agachar la cabeza sobre una minúscula pantalla. Uno puede perder la mirada hacia el horizonte, simplemente pararse a pensar o, incluso, coger un libro y leer unas decenas de páginas.

En esa situación me encontré precisamente hace unos días en casa de mis padres, cuando me di cuenta de que, tras una sabrosa comida en el jardín, y con los niños entretenidos jugando en la piscina, todo el mundo a mi alrededor estaba dándole a la pantalla táctil. Como no podía hacer lo propio, me levanté y me puse a revolver por entre las estanterías de mis padres, a ver qué libros interesantes tenían al alcance de la mano. Libros de cocina... meh, no ahora mismo. Madame Bovary... eeexcesivo.

En ésas estaba cuando me encontré con un libro pequeño, con fuente grande y repleto de ilustraciones y de humor. Trae para acá. Sin dudarlo un instante me lo llevé de vuelta a mi silla y me puse a leerlo con calma, sabiendo que no me iba a importar parar y dejarlo en cualquier momento. Solo que ese momento no llegó, y un buen rato después me encontré con que me había leído del tirón sus escasas ciento cincuenta páginas de extensión.

La vida según San Francisco, publicado en 2002 por Santillana, es una colección de los monólogos de humor interpretados por Enrique San Francisco en el programa El club de la comedia desde su estreno en 1999. Recuerdo haber visto a San Francisco interpretar alguno de los monólogos que, inteligentemente editados, aparecen en este libro. Y, como no podía ser de otro modo, no hay color. Que nadie me entienda mal, la versión escrita no deja de ser graciosa, e hilarante en ocasiones. Pero no es lo mismo leerla que escuchar el ritmo de la voz de San Francisco y la intención que pone tras cada palabra. Si no fuera por el vaso de cerveza del que se acompaña siempre, diría que el humor de San Francisco es el paradigma del humor seco.

(Gracias, gracias. No olviden darle propina a las camareras.)

En resúmen, si queréis reir durante un buen rato y no podéis acercaros a vuestro teatro, bar o sala en la que programen monólogos, y además se os ha caído Youtube, leed este libro. Le doy tres hilarantes estrellas sobre cinco.

3 comments:

finn5fel said...

Suena de lo más cachondo, oye. Y hay que ver lo bien que sienta poder leerse algo de principio a fin de una sentada, ¿verdad?

En cuanto al autor, nunca he visto El club de la comedia en general, ni lo he visto monologar a él en particular. De hecho, creo que sólo lo conozco por Los ladrones van a la oficina. Porque salía él en la serie, ¿no?

Nash said...

Si que salía. La verdad es que no me hace mucha gracias cómo actúa el tío es todo un personaje

Halagan said...

Tú lo has dicho, Nash. Todo un personaje. No voy a decir que sea mi actor favorito, pero desde luego interpretando este tipo de monólogos este hombre no tiene precio.