Monday, May 09, 2016

El retorno del guantelete embrujado

La última vez que os hablé de Witchblade fue hace algo más de tres años, tras haberme leído el tomo que recopilaba los números inmediatamente posteriores al 150, el último escrito por Ron Marz e ilustrado por Stjepan Sejic. Aquel tomo, escrito por Tim Seeley con dibujos de Diego Bernard me dejó indiferente, y terminé la entrada sobre el mismo diciendo: "aunque no descarto volver a la serie en el futuro, no creo que vaya a suceder ni este año ni el que viene". Como podéis ver, y aunque no lo he hecho a propósito, no me equivoqué al predecir que no iba a apresurarme a volver a la serie, pues ha tardado tres años en volver a leerla.

La razón de mi regreso es doble. En primer lugar, Ron Marz regresó a Witchblade en el número 170, que es el primero que recopila este tomo, titulado Witchblade: Borne Again (números 170-174), y de todos es sabido que pienso que Marz ha sido el mejor guionista que la serie jamás ha tenido. En segundo lugar, Top Cow anunció que, tras veinte años de andadura, Witchblade iba a terminar con el número 185 el otoño pasado, y obviamente, dada mi historia con el personaje, no podía perderme tal evento, lo que significa que sin duda me haré con los siguientes tomos, que recopilan los diez últimos números de la veterana serie, en el futuro cercano. Estaréis de acuerdo conmigo, pues, en que ambas eran razones de peso para que volviera a leer Witchblade.

En cuanto a este tomo en particular, tras los sucesos acontecidos en los números 151 a 169 (que desconozco casi por completo), los lectores se encuentran con Sara Pezzini, la portadora del famoso guantelete místico, haciendo de sheriff en un pueblecito perdido de Nueva York. Según se nos va revelando a lo largo de la historia, Sara decidió abandonar el Witchblade de una vez por todas hace dos años, y desde entonces ha estado haciendo vida normal. Sin embargo, una serie de brutales asesinatos en este apacible pueblo la lleva -oh, sorpresa- a reencontrarse con el místico artefacto, y a aceptar que su destino está indisolublemente unido al guantelete.

Como ya he dicho, la historia corre a cargo de Ron Marz, quien nos regala buenos diálogos, personajes vivos y reales, y una trama interesante. El apartado artístico corre a cargo de Laura Braga (dibujos) y Betsy Gonia (color), dos desconocidas para mí pero cuyo trabajo, sin parecerme espectacular, me resultó de lo más agradable. El rotulado, sin embargo, me pareció algo extraño, pues tanto los bocadillos como las letras parecían provenir de la boca de un psicópata o un monstruo en vez de personas normales; pero a lo mejor el raro soy yo, no lo sé. Lo que sí sé es que este primer volumen de Witchblade: Borne Again me hizo pasar un rato de lo más entretenido, y a diferencia del que me leí hace tres años, me dejó con ganas de más. ¡Atentos, pues, al próximo tomo, que seguro que lo comentaré!

2 comments:

Nash said...

20 años ya... si parece que fue ayer cuando anunciaron la creción de imáge. Una pena que cierre pero me alegro que tenga un final digno y pensado no como tantas otras series y personajes

finn5fel said...

Sí que pasa rápido el tiempo, sí. Todavía recuerdo comprar el número 1 de la serie, y alucinar con los dibujos de Michael Turner, que en paz descanse. A ver si me hago con los dos tomos que me quedan, y veo cómo termina todo. Al menos, como bien dices, han llegado al final sabiendo que iban a terminar la serie, con lo que espero que sea satisfactorio. ¡Espero!