
Después de casi cuatro años de penuria, al fin he conseguido jugar, y acabarme, el videojuego
Indiana Jones and the Emperor's Tomb en su versión PC. Varios fallos de compatibilidad, primero con la tarjeta gráfica de mi portátil, y luego con la de mi ordenador de sobremesa, habían causado que, desde que compré el juego hace siglos ya, no hubiera jugado a más de un par de fases. Concretamente, el último problema que me daba el juego es que iba acelerado. Y cuando digo acelerado, me refiero a que tocaba un poco el botón de dirección para dar un paso hacia delante, e Indy se me tiraba cabeza abajo por el primer acantilado que hubiera frente a él, aunque estuviera a doscientos metros de distancia.
Hace poco, de cualquier manera, probé a instalar el juego de nuevo. Y así, sin mas, sin que yo hiciera nada especial, empezó a irme bien. Aún no me lo creo. En fin, la informática es lo que tiene. Estas cosas me pasaban con mi 386, y me siguen pasando ahora.
Por fin puedo hablar con propiedad de este videojuego. Aunque lo que quizá debería decir es: por fín puedo criticarlo con propiedad. Solo dos cosas se salvan: el manual, que es una pequeña obra de arte, y que el protagonista es Indiana Jones. Y con eso a veces basta.
El guión que sigue el juego nos sitúa en 1935, justo antes de lo acontecido en Indiana Jones y el Templo Maldito. La búsqueda de un artefacto místico que podría dotar a su poseedor de un poder inimaginable, los malos malísimos y la guapa compañera de Indy son factores que eran de preever. Nada nuevo bajo el sol. El problema es que la trama es inconexa, en muchos casos carente de sentido, y el final es, simple y llanamente, muy decepcionante. Ni siquiera las tan agradecidas referencias a viejos personajes y situaciones conocidos de las películas consiguen paliar el mar sabor de boca.
La música y los efectos de sonido quizá sí merezcan un notable alto. Por otro lado, los gráficos son bastante aceptables, si bien el hecho de que todos los personajes no principales sean exactamente iguales unos a otros le resta muchos puntos al juego. Entrar en un bar, y ver que todas las mujeres tiene la misma cara y llevan el mismo vestido (¡y todos del mismo color!) deja un regusto muy amargo, aunque se pasa enseguida cuando llega la hora de pegar puñetazos, no nos engañemos. Porque este juego, si bien cuenta con algunos puzzles y pruebas de habilidad, se basa en las continuas peleas y en andar dando saltos a costa de látigo como un loco.
En definitiva, un videojuego del que, y más tras mi largo penurio, esperaba muchísimo más, y que me ha defraudado despiadadamente. Desde
Fate of Atlantis no he vuelto a ver un juego de Indy decente. Y estamos hablando de 1992.