En la oscuridad es la segunda parte de la famosa y recientemente reiniciada saga galáctica reimaginada por J. J. Abrams. Aunque esta secuela es superior a la primera (cosa no muy complicada
desde mi punto de vista, ya que para mí está muy sobrevalorada), Star Trek: En la oscuridad adolece de los
mismos males que su antecesora y tiene las mismas virtudes.
En la oscuridad es una película entretenida y emocionante que nos cuenta las primeras aventuras de Kirk y compañía con bastante humor, algo de drama y mucha, mucha acción.
Visualmente, la película es una
pasada: me encanta la recreación del Londres del futuro, las naves espaciales y
el ambiente en general. Los actores bordan sus papeles, destacando Benedict Cumberbatch como Khan, pues lo hace realmente bien.
Y si tiene
todo eso, os preguntaréis, ¿cuáles son sus fallos? Pues lo que le pasa siempre al amigo Abrams:
que después de salir del cine te pones a charlar sobre la película y te das
cuenta que nada tiene ni el más mínimo sentido, ya que los personajes hacen cosas que
casan bien con la trama pero que no deberían hacer de ninguna manera.
Otra cosa que clama al cielo es que después de los acontecimientos de la primera película todavía no tengan instalado en la Tierra un puñetero escudo o un sistema de defensa con misiles: algo que pueda, en definitiva, parar a una nave suicida.
En resumen: Star Trek: En la oscuridad entretiene y es visualmente
asombrosa, pero el guión es de un niño de primaria, y como siempre, Abrams juega con los espectadores y nos tima. Sinceramente, espero que no haga lo mismo en Star Wars.




